Durante años me he dedicado a trabajar con la mente y las emociones.
Y como muchas profesionales comprometidas con lo que hacen, entré en una búsqueda constante de excelencia.
Me formé sin parar: técnicas, másteres, libros, enfoques diferentes… todo lo que caía en mis manos.
Siempre había algo más que aprender.
Algo más que mejorar.
Algo más que me acercaría, por fin, a sentir que estaba realmente preparada.
Pero esa sensación… nunca llegaba.
Por fuera avanzaba.
Por dentro, no terminaba de sentirme a la altura.
Hasta que un día, la vida hizo algo que muchas veces necesitamos, pero no escuchamos:
me frenó.
Y me frenó de verdad.
Acabé en el hospital durante una semana con una infección renal, conectada a antibióticos, obligada a parar.
En ese momento lo viví como un parón desesperante.
Pero con el tiempo entendí que fue uno de los mayores puntos de inflexión de mi vida.
Porque en ese silencio, sin poder hacer, sin poder seguir corriendo…
algo hizo “clic”.
Me di cuenta de algo que lo cambió todo:
No me faltaba formación.
No me faltaba experiencia.
No me faltaba capacidad.
Lo que estaba haciendo, sin darme cuenta, era seguir formándome para no enfrentar lo que realmente había detrás:
Mi miedo a hacerlo mal.
Mi miedo a mostrarme.
Mis dudas constantes al compararme con otras profesionales.
En definitiva, me di cuenta de que todo mi freno profesional no tenía que ver con lo que sabía…
sino con cómo me veía.
Era una falta profunda de confianza en mí misma, a pesar de todas las evidencias que decían lo contrario.
Y ahí entendí algo clave:
Puedes tener toda la preparación del mundo…
y aun así sentir que no es suficiente.
Desde ese momento dejé de buscar fuera lo que en realidad necesitaba trabajar dentro.
Y fue ahí donde decidí especializarme en acompañar a mujeres emprendedoras y profesionales que están exactamente en ese punto.
Mujeres que se han formado, que tienen valor, que ya han demostrado de sobra su capacidad…
pero que siguen sintiendo que les falta algo.
Y ese “algo” no es más formación.
No es más estrategia.
Es una falta de confianza profunda que no tiene nada que ver con su nivel real.
Hoy mi trabajo es ayudar a desbloquear ese freno interno, para que puedan empezar a sentirse en el nivel en el que realmente ya están.